MANERAS DE VIVIR

.- Andrea está sentada en uno de los bancos que hay enfrente del instituto. Se fuma un cigarro mientras lee un libro con los cascos del MP4 puestos. Permanece tan concentrada en lo que lee, que no se da cuenta cuando David, con cara de muy pocos amigos, se sienta a su lado. Al ver que la chica no reacciona, le quita los cascos, por lo que esta por fin se da cuenta de su presencia.

ANDREA: (Molesta) ¿Qué estás haciendo aquí?

DAVID: ¿Encima eres tú la enfadada? No sé como se puede ser tan puta y tan cínica.

ANDREA: ¿Perdona?

DAVID: ¿Por qué lo habéis hecho?

ANDREA: ¿De que estás hablando?

DAVID: No te hagas la estúpida Andrea, y menos conmigo. Sabes perfectamente que te estoy hablando de esa maldita cinta que grabaste.

ANDREA: (Sonríe) Ah, es eso.

DAVID: ¡Pues claro que es eso! ¿Cómo puedes decirlo tan tranquila?

ANDREA: David, eso es algo que te buscaste tú solito.

DAVID: ¿De veras? Dudo mucho que haya alguien que haga algo tan sucio como para que se la devuelvan de esa manera.

ANDREA: ¿No te parece lo suficientemente sucio acostarte conmigo y con una amiga mía a la vez?

DAVID: No compares eso con que me haya visto ya media ciudad en pelotas.

ANDREA: Que no se te olvide que a mí también, ¿eh?

DAVID: No es lo mismo. Tú lo has colgado porque te ha dado la gana. Yo no he tenido opción a decidir si quería que se me viera o no.

Andrea se levanta, sin borrar la sonrisa de su cara.

ANDREA: Mira David, así aprenderás a no jugar con los sentimientos de las personas. Que tú lo pasarás tan mal con la hermana de Edu no te daba derecho a hacernos lo que nos hiciste a Claudia y a mí.

DAVID: No me hables de jugar con los sentimientos de las personas, porque tú eres experta en ello.

ANDREA: Te equivocas. A lo mejor yo me lío con mucha gente, no te lo voy a negar… pero conmigo ya saben lo que hay, no les engaño como tú nos engañaste a nosotras. David… no queremos volver a verte… nunca más. Adiós.

Andrea se aleja de allí hacia la entrada del instituto, dejando a David allí solo, sin saber que hacer.

.- Carlos se encuentra tomándose un café sentado en la mesa de la cocina. Mientras desayuna, lee el periódico, cuando suena el timbre. Se dirige a abrir: se trata de Laura, que lleva en sus manos una docena de churros, y en su cara una enorme sonrisa.

LAURA: ¡Buenos días!

CARLOS: (Sorprendido) ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Y las clases?

LAURA: No te preocupes, iré a tercera.

CARLOS: Aún no me explico como consigues aprobar los exámenes con lo que faltas a clase.

Laura sonríe, y accede al interior de la casa.

LAURA: Es lo que tiene ser tan inteligente como yo lo soy.

CARLOS: (Divertido) Ya, claro.

El joven cierra la puerta, y sigue a su novia hasta la cocina, donde la chica empieza también a prepararse un café.

CARLOS: Verás, es que me tengo que ir ya a trabajar.

LAURA: (Extrañada) ¿Ahora? ¿Pero esta semana no te tocaba ir de tarde?

CARLOS: Sí, bueno… pero un compañero me ha pedido que le cambiara el turno porque tenía cosas que hacer, y a mí me viene muy bien, porque esta tarde también tengo cosas que hacer.

Laura mira a su novio, dudosa.

LAURA: ¿Seguro que es eso?

CARLOS: Claro, ¿por qué lo dudas?

LAURA: Sí me entero de que estás trabajando más de la cuenta otra vez…

CARLOS: No, no te preocupes, no es eso, ¿vale? Voy al baño, ahora vengo y desayunamos.

LAURA: Muy bien, aquí te espero.

Carlos sonríe, y sale de la cocina. Laura se apoya en la encimera, pensativa. No se ha quedado nada convencida de las palabras de su novio.

TÍTULOS DE CRÉDITO: "Have a nice day" Bon Jovi
Kristen Bell, David Gallagher, Rupert Grint, Vanessa Hudgens, Jesse McCartney, Jesse Metcalfe, Hayden Panettiere, Emma Watson.

Capítulo 40.
Buscando en la basura.


.- Marta se encuentra apoyada en la pared del instituto, justo al lado de la verja. Mira su reloj, impaciente. Su abultado vientre ya no deja lugar a dudas de lo que le sucede. Edu se acerca hasta ella.

EDU: Buenos días.

MARTA: (Sorprendida) Hola.

EDU: ¿Qué haces aquí sola?

MARTA: Estoy esperando a Isra… pero a este paso me van a cerrar la puerta en las narices como no venga ya.

EDU: (Riendo) Sí, el concepto de puntualidad de Isra es algo confuso.

Marta sigue al chico en las risas.

EDU: ¿Cómo te encuentras?

MARTA: Bien, gracias. Pero… no es necesario que hagas esto, Edu.

EDU: ¿No hacer el qué?

MARTA: Hablarme si no te apetece. Lo entiendo.

EDU: Si lo hago es porque me apetece. Además, que ese tema ya lo hablamos en los Pirineos, ¿no?

MARTA: Sí, pero no sé. Es como si todo lo que pasó allí, se quedase allí, ¿sabes? Todo ha vuelto a ser igual que antes.

EDU: Tienes razón, perdona. Es que… la semana pasada fue un poco rara.

MARTA: Algo me comentó Laura.

EDU: Pues eso. Pero que sepas que aquí me tienes para cualquier cosa que necesites, ¿vale?

MARTA: (Sonríe) Claro. Y tú a mí, ya lo sabes.

Edu le devuelve la sonrisa, y los dos amigos permanecen en silencio durante unos segundos.

EDU: ¿Vienes para adentro? Porque si esperas a Isra… te terminarán cerrando la puerta.

MARTA: Sí, será lo mejor… vamos.

Los dos jóvenes entran al instituto, charlando animadamente.

.- Isra duerme plácidamente sobre su cama. Parece muy tranquilo, cuando unos fuertes golpes en la puerta hacen que se despierte, sobresaltado. Mira el reloj, y se lleva la mano a la cabeza. Parece que le duele.

ISRA: Joder… ¿Sí?

MARTÍN: (Off) Isra, ¿te das cuenta de que llegas tarde al instituto?

Isra se queda en silencio unos segundos. Piensa.

ISRA: Sí, bueno… es que creo que hoy no voy a ir… no me encuentro demasiado bien.

MARTÍN: (Off) ¿Puedo pasar?

ISRA: Claro.

La puerta se abre, y Martín entra. Solo viste unos boxer. Sube la persiana, y se sienta al borde de la cama.

MARTÍN: ¿Qué te pasa?

ISRA: Me duele bastante la cabeza…

MARTÍN: ¿Por qué no te tomas algo y pruebas a ir? Seguro que te terminarás sintiendo mejor.

ISRA: Seguro, pero hasta que se me pase, tendré que sufrirlo… y prefiero hacerlo aquí que soportando a cualquier profesor sin parar de hablar, emocionado con su asignatura.

Martín se ríe.

MARTÍN: Seguro que tu madre no te consentiría esto.

ISRA: Pero ahora mi madre está en el pueblo cuidando de mi abuela, y no tiene porque enterarse, ¿no?

MARTÍN: Que morro tienes…

El hombre se levanta.

MARTÍN: Mira, voy a prepararte el desayuno y te lo traeré con una pastilla. Pero en cuanto se te pase, te vas para el instituto, ¿sí?

ISRA: No me parece mala idea.

Martín se ríe mientras sale de la habitación, e Isra vuelve a tumbarse en la cama, frotándose la cabeza.

.- Ya es la hora del recreo, y Laura se encuentra sentada sola en una de las mesas de la cafetería del instituto tomándose un café, mientras observa a través de las ventanas como ha empezado a llover. Marta se acerca a ella.

MARTA: ¿Puedo?

LAURA: (Sonríe) Claro.

La joven se sienta, y la camarera se acerca a ella.

MARTA: Un botellín de agua.

La camarera no tarda en traérselo, y volver tras la barra.

MARTA: ¿Te pasa algo?

LAURA: No, nada. ¿Tú como te encuentras?

MARTA: Dentro de que estar embarazada no es que sea una magnífica sensación, la verdad es que no me puedo quejar.

Las dos amigas se ríen, y luego permanecen unos segundos en silencio.

MARTA: ¿Cómo que no has venido estas dos primeras horas?

LAURA: He desayunado con Carlos.

MARTA: Como sigas así, te vas a cargar el curso.

LAURA: (Irónica) ¿Te ha llamado?

MARTA: (Confusa) ¿Perdona?

LAURA: Nada, déjalo. Pero mira, a lo mejor pierdo el curso… pero no es lo que más me importa ahora mismo.

MARTA: Ya sabía yo que te pasaba algo. Cuéntame.

LAURA: Creo que está trabajando otra vez más de lo que debería.

Marta mira extrañada a su amiga.

MARTA: ¿Estás segura?

LAURA: El verbo creer no aporta seguridad precisamente.

MARTA: Ya, o sea, que te estás rayando por nada… Mira, Carlos es un tío muy responsable. Después del susto que os llevasteis la otra vez, no creo que lo esté haciendo de nuevo.

LAURA: A lo mejor tienes razón…

MARTA: La tengo. Y si no lo crees, ves esta tarde al hotel, y compruébalo…

LAURA: (Extrañada) ¿Para qué?

MARTA: Bueno, si está trabajando tanto otra vez, estará allí esta tarde también, ¿no? Ves y compruébalo.

Laura mira a su amiga, pensando en que quizás tiene razón.

.- En el Four, Claudia sirve el café a un par de mujeres, y empieza a limpiar tranquilamente la barra. De fondo suena “Jueves”, de La Oreja de Van Gogh. David entra allí, y se acerca a ella bastante enfadado.

CLAUDIA: Pensé que dijiste que no volverías por aquí, y que no nos veríamos al menos que yo quisiera… y que yo sepa, ni te he llamado, ni quiero verte.

DAVID: Tú lo sabías, ¿verdad?

Claudia mira al chico, sin saber de que está hablando.

DAVID: Me refiero a la cinta.

CLAUDIA: ¿A qué cinta?

DAVID: No te hagas la tonta, Claudia. Sabes perfectamente de la cinta de la que te estoy hablando.

CLAUDIA: (Sonríe) ¿A la que salís Andrea y tú haciendo cochinadas y cosas sucias?

DAVID: A la misma.

CLAUDIA: (Riendo) Es divertida, ¿verdad?

DAVID: Mira, de Andrea me lo podía llegar a esperar, pero de ti… que gran decepción, Claudia.

CLAUDIA: (Irónica) En cambio tú nunca me decepcionaste a mí, ¿verdad?

DAVID: Las dos cosas son incomparables.

CLAUDIA: ¿Incomparables por qué? ¿Por qué una la hiciste tú, y la otra la hicimos nosotras?

DAVID: No. Simplemente, porque yo no os dejé en ridículo delante de toda la ciudad.

Claudia piensa durante unos segundos, pero luego sonríe.

CLAUDIA: Ojo por ojo, David. Te diría que lo siento, pero te estaría mintiendo. Y si hay algo que odie más que las injusticias en este mundo, eso es el engaño.

DAVID: Espero que estéis felices, de verdad que sí. Que haya sido suficiente para vosotras, y que me dejéis en paz.

CLAUDIA: No te preocupes por eso, David. Ya tenemos suficiente, ahora hay cosas más importantes que vivir pendientes de ti.

DAVID: Eso espero, Claudia. Adiós.

CLAUDIA: (Sonríe) Hasta nunca.

David se marcha de allí, molesto, y Claudia se apoya en la barra, sin poder evitar el sonreír, orgullosa.

.- Martín prepara la comida en la cocina del piso de Isra, todavía en ropa interior, mientras silba una desconocida canción. Pronto entra allí Isra, con cara de recién levantado y rascándose la cabeza.

ISRA: ¿Por qué no me has despertado?

El hombre se gira, sonriendo.

MARTÍN: ¿Ya has amanecido?

ISRA: Parece que sí.

MARTÍN: Estoy preparándote la comida. Pasta.

Isra sonríe, agradecido.

ISRA: La verdad es que no era necesario que te molestaras.

MARTÍN: Lo sé, pero quería hacerlo.

ISRA: (Sonríe) Gracias.

Martín se gira para mirar al chico.

MARTÍN: Isra, no tienes que darme las gracias. Sé que hasta ahora no nos hemos llevado demasiado bien, pero quiero que eso cambie. Aunque no te lo creas, te he cogido cariño.

ISRA: Aunque no te lo creas, yo a ti también.

Los dos se ríen.

MARTÍN: Supongo que entonces eso está bien, ¿no?

ISRA: Sí, supongo que sí.

MARTÍN: Anda, ven aquí.

El hombre extiende los brazos, e Isra le abraza.

MARTÍN: Verás que contenta se pone tu madre cuando sepa lo bien que nos vamos a llevar a partir de ahora.

El adolescente se ríe, contento.

.- Ya es por la tarde. Carlos se encuentra sentado tras el mostrador del hotel en el que trabaja, comprobando unos datos en el ordenador, cuando Laura entra por la puerta. Él no se da cuenta, pero ella, nada más verle, se acerca a él, enfadada.

LAURA: Sabía que estarías aquí.

CARLOS: (Sorprendido) ¡Laura!

LAURA: ¿Se puede saber por qué me has mentido esta mañana?

CARLOS: Déjame que te explique.

LAURA: Sí, es lo que estoy esperando que hagas.

Carlos se levanta, y sale del mostrador, a la vez que señala unos sillones que hay al otro lado de la sala.

CARLOS: ¿Nos sentamos?

LAURA: Estoy bien de pie, gracias.

CARLOS: Mira Laura, a lo mejor no lo entiendes… pero yo necesito ese dinero. Entre la crisis en la que estamos ahora, la subida del alquiler, y todo… es imposible que llegue a fin de mes.

LAURA: Un compañero, Carlos. Es lo que te llevo diciendo muchísimo tiempo.

CARLOS: (Suspira) No es tan fácil.

LAURA: (Irónica) Para nada, es mucho más fácil matarse a trabajar… Por favor Carlos, no me tomes por tonta.

CARLOS: No lo hago, por supuesto que no. Solo te pido que también entiendas mi punto de vista.

Laura mira a su novio en silencio durante unos segundos.

LAURA: Lo siento Carlos, pero no puedo entenderlo. Y para demostrártelo, te doy a elegir: el trabajo, o yo.

CARLOS: (Sorprendido) ¿Cómo?

LAURA: No te asustes. Tienes hasta el fin de semana para decidirlo… pero hasta que no me des una respuesta, preferiría no verte. Así que… hasta pronto.

Laura se marcha de allí ante la enorme sorpresa de Carlos, que aún no da crédito a lo que acaba de suceder.

.- Hugo y Andrea pasean por la calle. Van charlando entre ellos, divertidos, mientras se mezclan con el resto de la gente, que no es poca para el frío que parece estar haciendo.

ANDREA: ¿Hablaste al final con Marta?

HUGO: No, no hablé con ella… ni pienso hacerlo. Él único que me da pena de toda esta situación es el pobre crío… que mal lo va a pasar con los padres que le ha tocado.

ANDREA: (Divertida) ¡No seas así! Te recuerdo que aquí la zorra y la mala persona soy yo, no tú.

Los dos se ríen, divertidos.

HUGO: Oye, ¿cómo ha ido esta mañana con David?

ANDREA: Es verdad, que no te lo he contado, ¿verdad?

HUGO: No.

ANDREA: Ha sido fantástico. Ha aparecido por el instituto para echarme en cara lo que hicimos. Además, Claudia, me ha mandado un mensaje luego, y con ella ha debido de estar súper tranquilo. Imagino que ya habría descargado…

HUGO: ¿Pero que te ha dicho exactamente?

ANDREA: Bah, no, lo normal. Ya sabes que la gente habla más de la cuenta cuando está enfadado.

HUGO: Sí, la verdad es que sí.

Los dos vuelven a reírse.

HUGO: ¿Y qué vas a hacer ahora?

ANDREA: Nada. Esa historia ya está completamente terminada, te lo aseguro.

Los dos continúan caminando unos metros más, en silencio, cuando Hugo se percata de algo que le llama la atención.

HUGO: Andrea, ¿esa no es Elisa, la madre de Claudia?

Andrea mira hacia donde le señala su amigo. Efectivamente, ve a Elisa muy desmejorada, buscando algo en un contenedor de basura.

ANDREA: ¿Qué está haciendo?

HUGO: Eso es bastante evidente… solo hay que ver como va.

ANDREA: ¿Crees que es una mendiga?

HUGO: ¿Acaso tú no lo crees, viéndola como la estamos viendo ahora mismo?

Andrea mira a su amigo, sin poder evitar el preocuparse.

.- Ya es completamente de noche. Isra y Martín se encuentran sentados en el sofá de su piso, viendo una película. Esta no tarda en terminar, y comienzan a salir los créditos finales. El hombre se levanta a encender la luz.

MARTÍN: Ha estado bien, ¿verdad?

ISRA: Sí, la verdad es que sí. No tenía muchas esperanzas en ella, pero ha merecido la pena verla.

Martín sonríe, y vuelve a sentarse junto al chico.

MARTÍN: Me gusta que estemos así.

ISRA: Sí, la verdad es que sí. Es mucho mejor que estar a la gresca todo el día, ¿no?

Los dos se ríen, divertidos, para después quedarse durante unos segundos en silencio.

ISRA: Oye, me gustaría hablar sobre algo contigo… quiero arreglar todos los problemas que han existido entre nosotros últimamente.

MARTÍN: Claro, si es por eso dime. Cualquier cosa por llevarnos bien, ya lo sabes.

Isra sonríe de mala gana.

ISRA: Verás, hace… hace unos meses… ¿recuerdas cuando pensaste que te había robado esa tarjeta del pantalón?

MARTÍN: Sí, pero eso ya no tiene importancia.

ISRA: Es que tú tenías razón, fui yo. Y si lo hice… fue porque escuche una conversación por teléfono, que la verdad no me dio muy buena espina.

MARTÍN: (Extrañado) ¿Qué conversación?

ISRA: No sé con quien hablabas. Decías que tenías a alguien camelada, y que solo faltaba que te dijera donde estaba algo… y que el único que te sobraba era el estúpido de su hijo.

MARTÍN: Vale, ya sé la conversación de la que me estás hablando… no tenía ni idea de que la hubieses escuchado.

ISRA: Pues lo hice.

Martín baja la cabeza, avergonzado.

MARTÍN: Ya veo…

ISRA: Estoy dispuesto a escucharte.

MARTÍN: No te vale con que te diga que estoy muy enamorado de tu madre, ¿verdad?

ISRA: Me temo que no.

Se quedan unos segundos en silencio, hasta que Martín suspira.

MARTÍN: Mira, es verdad que en principio empecé con tu madre por el dinero. Enseguida me di cuenta de que erais una familia de clase media, pero estaba dispuesto a sacaros todo lo que pudiese. Desde luego, y como supondrás, no contaba con terminar enamorándome de mi madre, y cogiéndote a ti tanto cariño.

ISRA: ¿Esto lo sabe mi madre?

MARTÍN: Desde luego que lo sabe, pero ambos pensamos que sería mejor no decirte nada. Ella consiguió perdonarme, y espero que tú también puedas hacerlo.

Isra mira con desconfianza al hombre.

ISRA: ¿Y por qué tendría que creerte yo ahora?

MARTÍN: Porque es la verdad… y porque creo que poco a poco he demostrado con creces lo importantes que sois los dos para mí.

El chico mira al novio de su madre, sin saber que decir.

.- Un nuevo y lluvioso día amanece en la ciudad. Laura camina por los pasillos del instituto, con los cascos del MP4 a todo volumen, por lo que no se da cuenta de que Marta se acerca a ella hasta que es su amiga quien le quita la música.

LAURA: (Molesta) Ey, ¿qué haces?

MARTA: Algún día te quedarás sorda.

LAURA: Por favor, no empieces como mi madre.

Marta se ríe, y ambas continúan andando.

MARTA: Por cierto, buenos días.

LAURA: Lo serán para ti…

MARTA: (Preocupada) ¿Qué pasa?

LAURA: Nada, cosas mías.

MARTA: Laura… puedes contar conmigo para todo, y lo sabes. Así que suelta por esa boquita.

LAURA: De verdad Marta, no es nada.

Marta piensa durante unos segundos, y luego parece recordar algo, por lo que chasquea los dedos.

MARTA: ¿Fuiste al hotel ayer por la tarde?

LAURA: Sí.

MARTA: Y Carlos estaba allí, ¿verdad? Por eso llevas esa cara de muerta…

Laura se para en seco. Su amiga, al verla, hace lo mismo.

LAURA: ¿Pero es que te lo puedes creer? Joder, ¿qué necesidad tiene de mentirme?

MARTA: No te pongas así. Seguro que lo hizo para no preocuparte.

LAURA: Pues le ha salido el tiro por la culata, porque además de preocuparme, me ha enfadado.

MARTA: ¿Dejaste que se explicara? Porque las dos sabemos que cuando te enfadas… digamos que no razonas demasiado.

LAURA: Por supuesto que le deje. No soy ninguna bruja.

MARTA: ¿Y…?

LAURA: Le he dado un ultimátum.

Marta mira sorprendida a su amiga, mientras ésta retoma su camino. La chica le sigue.

MARTA: ¿Hablas en serio?

LAURA: Completamente.

MARTA: ¿Y qué ultimátum es ese?

LAURA: El trabajo, o su salud y yo. Creo que es bastante lógico, ¿no crees?

MARTA: Tía, ¿no crees que te has pasado un poco? Me parece algo extremista, la verdad.

Laura vuelve a detenerse.

LAURA: Marta, ¿tú sabes el susto que me pegué cuando se desmayo? Eso es algo que no te recomiendo. Ni a ti, ni a nadie, ni siquiera a mi peor enemigo. De verdad, no quiero volver a pasar por eso… no puedo.

Laura continúa caminando hacia clase, bajo la preocupada mirada de su amiga.

.- Andrea y Hugo permanecen de pie frente a la puerta del piso de Claudia. Mientras el chico parece bastante nervioso, su amiga le agarra del brazo, intentando tranquilizarle, pero no parece surtir efecto.

HUGO: No sé porque me he dejado convencer para hacer esto.

ANDREA: Porque somos amigos de Claudia, recuérdalo. ¿Acaso no te preocupó ver a su madre así ayer?

HUGO: Sí, pero no creo que debamos meternos. Fue Claudia quien la echo de casa… son problemas familiares en los cuales no pintamos nada.

ANDREA: Mira, no vamos a hacer nada… simplemente nos vamos a informar de que es lo que sucedió.

HUGO: (Irónico) Sí, es una idea cojonuda intentar informarnos de algo sobre Claudia a sus espaldas… ¿por qué no vamos al Four y le preguntamos a ella directamente?

ANDREA: ¿Crees que si ella es la culpable de la situación de su madre iba a decírnoslo tan alegremente?

HUGO: No, pero…

El chico se queda callado cuando escuchan que la puerta se abre, y Claudia les mira, sorprendida.

CLAUDIA: Ey chicos, ¿qué estáis haciendo aquí? ¿Y el instituto?

Los dos amigos se miran, pensando unos segundos sobre que excusa poner para justificar su presencia.

HUGO: Bueno, verás, es que…

ANDREA: (Interrumpiéndole) Verás, es que no nos apetecía ir al instituto, y como hace tan mal día, pensamos en venir aquí a ver si todavía no te habías ido a currar y nos dejabas echar la mañana en tu casa.

CLAUDIA: ¿Me estáis pidiendo que sea cómplice de vuestras campanas?

HUGO: Sí, exactamente eso. Nada más.

CLAUDIA: ¿Y por qué no venís al Four? Yo voy ahora para allí, y además siempre que faltáis os pasáis.

ANDREA: Sí, pero es que ahora mismo no tenemos dinero…

Claudia se queda pensando durante unos segundos, en silencio.

HUGO: Por favor, confía en nosotros… solo veremos la televisión y hablaremos, no haremos nada más, lo juramos.

ANDREA: Y bueno, somos tus amigos, ¿no? Los amigos se ayudan siempre que lo necesitan.

CLAUDIA: (Suspira) Está bien… pero solo os pongo una condición.

ANDREA: La que quieras.

CLAUDIA: Mi habitación ni pisarla.

HUGO: Por supuesto, ¿para qué íbamos a querer entrar a tu habitación?

ANDREA: Eso, ¿para qué?

Claudia mira extrañada a los chicos, pero luego sonríe.

CLAUDIA: Bueno, pues entonces me voy. En la nevera tenéis bebidas, ¿vale? Chao.

ANDREA y HUGO: Hasta luego.

Claudia se dirige hacia el ascensor, y cuando llega, se monta en él. Andrea mira a su amigo, sonriendo.

HUGO: ¿Crees que se lo ha creído?

ANDREA: Por supuesto. Sabes por donde tenemos que empezar a buscar, ¿verdad?

HUGO: Por su habitación.

ANDREA: (Sonríe) Exacto.

Hugo y Andrea acceden al interior del piso, cerrando la puerta tras ellos.

.- Ya es la hora del recreo, e Isra permanece sentado en el patio del instituto, comiéndose un bocadillo con la mirada perdida, cuando Edu llega, y se sienta a su lado, sonriendo.

EDU: Hola.

ISRA: (Sonríe) Buenos días.

EDU: ¿Qué tal? ¿Bien ya?

ISRA: Sí. La verdad es que Martín me cuidó muy bien, no me puedo quejar.

EDU: (Sorprendido) ¿Martín? ¿El novio de tu madre al cual odiabas?

ISRA: El mismo. ¿De qué te extrañas? Ya te dije que nuestra relación había mejorado bastante.

EDU: Ya, ¿pero hasta ese punto? No sé si será conveniente que te unas tanto a él teniendo en cuenta lo que estabas empezando a sentir…

ISRA: Bueno… quizás solo fue un momento de confusión. Y aunque no lo hubiese sido, es el novio de mi madre. No tendría ninguna posibilidad, y aunque la tuviera, no me lanzaría, te lo aseguro… puede que eso antes para mí no fuera un problema, pero ya sabes que ahora he cambiado.

EDU: Sí, lo sé, pero no lo digo por eso.

ISRA: ¿Entonces?

EDU: No quiero que sufras. Sé que eres muy sentimental, y no me gustaría que sufrieras por acercarte tanto a una persona que como tú mismo has dicho, no tienes ninguna posibilidad.

Isra parece molestarse por la advertencia de su amigo.

ISRA: Eso es algo que debería de decidir por mi mismo, ¿no crees?

EDU: Sí, bueno… yo solo intentaba protegerte.

ISRA: ¿Seguro que es solo eso?

EDU: ¿Qué quieres decir?

ISRA: Vamos Edu, los dos sabemos lo que sientes por mí. ¿No serán más celos que preocupación?

EDU: No Isra, no son celos. No me puedo poner celoso de una persona con la que sé que nunca vas a poder tener nada, porque quiere a tu madre. No tienes ninguna posibilidad.

ISRA: Ya, pero tiene que joder que sienta algo por él que ya no siento por ti, ¿o me equivoco?

Edu mira a su amigo, dolido por sus palabras.

EDU: Y yo que pensaba que habías cambiado, Isra… no lo has hecho, por mucho que intentes engañarnos.

El chico se gira, dispuesto a marcharse, y en el rostro del pelirrojo se ve el arrepentimiento.

ISRA: Edu, espera.

EDU: Déjalo, Isra. Has dicho lo que pensabas, ¿no? Pues ya está…

Edu continúa andando bajo la triste mirada de Isra, quien no sabe que hacer.

.- Andrea registra el armario del dormitorio de Claudia, sacando toda la ropa de su interior sin importarle como cae al suelo, mientras Hugo da vueltas de un lado a otro, preocupado.

HUGO: Esto no está bien… no lo está.

ANDREA: (Molesta) Joder Hugo, cállate. Me estás poniendo súper nerviosa.

HUGO: Esto es intromisión a la intimidad… no tenemos ningún derecho a hacerlo.

Andrea se gira a mirar a su amigo, suspirando.

ANDREA: Estamos preocupados por Claudia, ¿verdad?

Hugo asiente.

ANDREA: Genial, entonces lo que estamos haciendo está más que justificado, créeme.

La chica se agacha, y empieza a mirar bajo la cama. De allí saca una enorme caja de cartón, y la abre.

ANDREA: Hugo, mira esto.

El joven se agacha para mirar lo que ha descubierto su amiga. Ve una multitud de fotos de Claudia con su madre y con el hombre desconocido que ya habíamos visto anteriormente.

HUGO: Vamos Andrea, no le busques cinco piernas al gato. Son fotos familiares, no parecen haber acabado bien, y las ha guardado, eso es todo.

ANDREA: ¿De verdad crees lo que acabas de decir?

HUGO: Desde luego. Sino, no lo hubiese dicho.

Andrea se sienta en el suelo, suspirando.

ANDREA: ¿Y qué vamos a hacer ahora?

HUGO: Pues vamos a recoger todo esto, y nos vamos a ir al salón a beber algo y a ver la televisión, ¿vale?

Hugo se levanta, y empieza a recoger la ropa que su amiga había sacado del armario, metiéndola allí de nuevo. Andrea, tras mirarle unos segundos, coge una de las fotografías de la caja y se la guarda en el bolsillo. Luego cierra la caja, y la vuelve a meter donde estaba.

.- Ya es la hora de salida del instituto, y Laura y Marta, entre la multitud, salen del centro charlando animadamente, cuando a un lado, apoyado en la pared, ve a Carlos mirándolas. Marta sonríe.

MARTA: Os dejo solos. Llámame luego y me cuentas.

Laura sonríe de mala gana, y cuando su amiga se aleja, ella se acerca a su novio.

LAURA: ¿Qué estás haciendo aquí?

CARLOS: He venido a decirte lo estúpido que soy.

LAURA: De momento no vas mal.

CARLOS: (Sonríe) Sé que es mi culpa, y lo siento. De verdad. Tienes razón, Laura. Quizás eso de buscar un compañero de piso no sea tan mala idea como me parecía.

LAURA: ¿No me engañas esta vez?

CARLOS: No. Y te aseguro que nunca más lo haré.

LAURA: ¿Cómo puedo estar segura de eso?

CARLOS: Porque te quiero, y no quiero perderte. A partir de ahora todo será muy diferente, ya lo verás.

Laura se queda pensando unos segundos, y al final no puede evitar el sonreír.

LAURA: Yo también te quiero… y espero que no vuelvas a decepcionarme.

CARLOS: No lo haré. Te lo juro.

La chica sonríe a su novio, contenta, y la joven pareja se besan, felices de haber conseguido solucionar por fin sus problemas.

CONTINUARÁ...