MANERAS DE VIVIR

Hugo sale de clase, mirando unos apuntes bastante concentrado, cuando Edu se cruza en su camino, haciendo que se asuste primero, y se detenga después.

HUGO: Joder Edu, que susto…

EDU: Perdona, no era mi intención… pero tengo que hablar contigo sobre algo importante.

HUGO: Pues lo siento, pero ahora tengo prisa, y no puedo… ya hablamos en otro momento.

Hugo hace el amago de marcharse, pero Edu le coge del brazo.

EDU: Preferiría que fuera ahora.

HUGO: (Borde) ¿Qué parte del “tengo prisa” no has entendido?

EDU: Guárdate tus borderías para otro momento, ¿quieres? Es importante.

HUGO: (Suspira) Venga, pero date vida, porque me están esperando.

EDU: Pues verás, yo quería preguntarte que…

ALBERTO: (Voz en off) ¡Hugo! ¿Te falta mucho?

Los dos jóvenes miran hacia la entrada al pasillo, y ven allí a Alberto, esperando.

HUGO: ¡No, ya mismo voy!

EDU: (Extrañado) ¿Has quedado con él?

HUGO: Sí… ¿te supone algún problema?

EDU: No deberías hacerlo. Es un cabrón.

HUGO: De eso me tendré que dar cuenta por mi mismo, ¿no crees? Además, simplemente somos amigos.

EDU: Sí, por el momento… pero sabe muy bien como camelarse a los tíos.

HUGO: ¿Ya has terminado? No quiero hacerle esperar más rato.

EDU: Sí… (Hugo sale corriendo) ¡Pero ten cuidado!

El joven, ignorando las últimas palabras de su amigo, llega hasta Alberto, al cual le estrecha la mano, y salen juntos del instituto, bajo la celosa mirada de Edu.

Marta e Isra conversan animadamente, conforme andan hacia la casa de la chica. Parecen haber enterrado ya sus diferencias.

ISRA: Oye, muchas gracias por invitarme a comer a tu casa… esto de que mi madre vaya de mañana lo llevo muy mal, soy un desastre en la cocina, llego tarde a clase…

MARTA: (Entre risas) ¡No te preocupes! Yo soy una experta cocinera.

Los dos jóvenes ríen, animados, hasta que llegan al portal de la chica. Esta lo abre, y los dos entran.

MARTA: Ves solicitando el ascensor, que voy a recoger el correo.

El joven hace caso a la chica, la cual se dirige hacia el buzón, y lo abre. Encuentra un nuevo sobre sin remitente, y asustada, lo abre.

MARTA: (Voz en off, leyendo) He de reconocer que eres una chica muy inocente, ya pensabas que me había olvidado de ti, ¿verdad? Pues ya ves que no es así. Quiero tres mil euros el quince de marzo, en el mismo lugar y a la misma hora de siempre. Adiós. (La chica arruga el papel, y lo lleva a su pecho, pensativa) Esto se va a acabar…

ISRA: Marta… ¿estás bien? ¿Sucede algo?

La chica se gira hacia su amigo, sonriente.

MARTA: Sí… sí, claro, todo va bien. ¿Subimos?

El joven asiente, y los dos amigos se montan en el ascensor, rumbo a casa de la chica.

CRÉDITOS: "MY PREROGATIVE" BRITNEY SPEARS
David Gallagher, Maggie Grace, Rupert Grint, Vanessa Hudgens, Jesse McCartney, Jesse Metcalfe, Emma Watson

Capítulo 18
A flote


Ya es por la tarde, y Olivia y Edu están frente a la puerta de su casa, cargados de bolsas, mientras Olivia busca las llaves por su bolso, riendo junto a su hermano.

OLIVIA: Dios mío, soy un desastre… ¡no las encuentro!

EDU: (Riendo) Cualquiera que nos vea, va a pensar que somos una familia de borrachos.

Los dos jóvenes siguen riendo, hasta que Olivia saca las llaves del bolso.

OLIVIA: (Orgullosa) ¡Aquí están!

EDU: ¡Bravo!

La joven abre la puerta, entre risas, y los dos acceden al piso.

OLIVIA: ¡Mamá, ya estamos aquí! (Mónica aparece corriendo por el pasillo, ante la divertida mirada de ambos) Vaya, nunca pensé que me recibirías así, y menos por volver de la compra.

MÓNICA: (Molesta) ¡Anda, cállate, que contenta me tienes!

Olivia y Edu se miran, extrañados, mientras la mujer coge un par de bolsas, y se dirige hacia la cocina. Sus hijos la siguen con el resto.

OLIVIA: ¿Y se puede saber que he hecho yo ahora? Porque vamos, que yo sepa…

MÓNICA: (Interrumpiendo a su hija) Ves a tu dormitorio. Ves a tu dormitorio, y verás.

Olivia deja las bolsas sobre la mesa, y se dirige hacia allí. Edu mira a su madre, curioso.

EDU: ¿Qué pasa, mamá?

MÓNICA: ¿Qué que pasa? ¡Pues que su queridísimo novio se ha presentado aquí! (Edu se sorprende) Eso es lo que pasa. No quiero ni imaginarme como se va a poner tu padre cuando lo vea…

EDU: (Suspirando) No… ni yo.

Olivia llega hasta la puerta de su dormitorio, la cual está cerrada, y la abre rápidamente. Sentado en la cama, se encuentra a Toni, el chico por el cual lo dejó todo hace cuatro años.

OLIVIA: (Sorprendida) ¿Qué coño estás haciendo tú aquí?

El chico se limita a sonreír cínicamente.

Marta está sentada en su portal. Mira la hora, impaciente, cuando se da cuenta de que empieza a llover. Coge su móvil, y llama, pero nadie le coge el teléfono. En ese momento, un coche se para frente a ella. En su interior va Alfonso, por lo que la joven se monta en él rápidamente.

ALFONSO: ¿Qué pasa, Marta? Me preocupaste con tantas prisas…

MARTA: Lo siento…

La joven empieza a llorar, desesperada, y Alfonso la abraza, conmovido.

ALFONSO: ¿Qué es lo que pasa, Marta? (La chica no responde, y sigue llorando) Bueno, no te preocupes… vamos a casa, y allí intentas tranquilizarte… te quiero.

MARTA: (Entre sollozos) Y yo a ti…

Alfonso sonríe, mientras se deshace del abrazo de la joven, y pone rumbo hacia su casa.

Olivia da vueltas por la habitación, sin parar de tocarse el pelo, mientras Toni la observa, sentado en la cama.

TONI: Sinceramente, no entiendo cual es el problema…

OLIVIA: ¿Qué no sabes cual es el problema? Muy bien, pues yo te lo explico… me dejas colgada, mi familia no te soporta, lo sabes, y aún así… aún así tienes los cojones de presentarte aquí. Lo que yo no entiendo es porque coño has venido, Toni.

TONI: Mira, me he portado muy mal contigo, ¿vale? Lo reconozco… pero joder, te quiero, y no sabes lo que me arrepiento de haber hecho lo que hice. Vuelve conmigo, Olivia. Marchémonos a Barcelona otra vez, y empecemos una nueva vida, ¿si?

OLIVIA: Toni, las cosas no se arreglan así… suponiendo que hubiese algo que arreglar.

TONI: ¿Me vas a decir que ya no me quieres?

OLIVIA: No, Toni, no me gusta mentir… y si te dijera eso, lo estaría haciendo. Pero lo nuestro se terminó. Hay cosas que no pienso aguantar, por mucho que te quiera. Así que lo siento, pero aquí ya no tienes nada que hacer.

El joven se levanta de la cama, e intenta besar a la joven, pero esta se aparta.

OLIVIA: (Molesta) ¿No me entiendes cuando te hablo?

TONI: Te estás equivocando, Olivia… y sé que te terminarás dando cuenta. Voy a estar en el Hostal Estrella todo el tiempo que haga falta… pero no me pienso ir de aquí sin ti.

OLIVIA: No hace falta que te molestes.

El joven sale del dormitorio, ignorando las palabras de la chica. Cuando se ha marchado, la joven se deja caer sobre la cama, con los ojos llenos de lágrimas.

El reloj marca la una y media de la madrugada. Hugo entra sigilosamente en casa, intentando no hacer ruido alguno. Va hasta su habitación, donde enciende la luz, y empieza a ponerse el pijama, cuando la puerta se abre repentinamente.

NIEVES: (Susurrando) ¡Tú, señorito! ¿Te crees que estas son horas de llegar a casa?

HUGO: (Asustado) ¡Mamá, joder! Que susto me has dado…

NIEVES: (Irónica) Vaya, perdona… Pero es que no sé si lo sabes, mañana tienes instituto.

HUGO: Pues claro que lo sé, mamá… no soy inútil.

NIEVES: Ah, ¿no? Porque últimamente te comportas como si lo fueras… ¿sabes lo enfadado que está tu padre?

HUGO: ¡Joder, pero si no es para tanto!

NIEVES: (Enfadada) ¡¿Qué no es para tanto?! ¡Te has ido a las ocho y cuarto de la mañana, y vuelves ahora!

HUGO: Ya te dije que no vendría a comer…

NIEVES: Sí… pero creo que te olvidaste el pequeño detalle de comentarme que vendrías solo a dormir…

HUGO: Oye mamá, ¿te importa que hablemos sobre esto mañana? Es que estoy cansado…

NIEVES: (Suspirando) Mira, te libras porque mañana tengo que madrugar… pero no te pienses que esto va a quedar así.

La mujer sale del dormitorio, enfadada. Hugo se asoma a la ventana, y en la calle, tras la puerta del jardín, ve a Alberto sonriéndole, y le saluda con la mano. El chico le devuelve el saludo, y baja la persiana, dispuesto a descansar unas horas.

Un nuevo día amanece en la ciudad. Alfonso está en la cama, durmiendo, mientras Marta intenta salir del dormitorio sin despertarle, cosa que no consigue.

ALFONSO: ¿Ya te vas?

MARTA: (Nerviosa) ¿Eh?... sí… sí, perdona, no quería despertarte.

ALFONSO: (Levantándose) No te preocupes. Me alegro de que lo hayas hecho.

El hombre se acerca a la chica, y le da un beso muy tierno.

MARTA: Oye, me tengo que ir… tengo instituto, y todavía tengo que recoger la mochila.

ALFONSO: Sí esperas a que me cambie, te acerco. Hoy tengo el día libre.

MARTA: No, no te preocupes… no quiero molestar más.

ALFONSO: (Molesto) Marta, por favor, no digas tonterías… tú nunca molestas, y lo sabes.

MARTA: Prefiero ir sola, en serio… ir sola, y pensar.

ALFONSO: Anoche no me contaste que es lo que te pasaba.

MARTA: La verdad es que prefiero no hablar sobre ello, si no te importa.

ALFONSO: Claro… ¿te paso a recoger al instituto?

MARTA: No… mejor no. Te llamo, ¿vale? (Alfonso asiente con la cabeza, resignado) Hasta luego.

ALFONSO: Chao…

Marta sale del dormitorio rápidamente, y Alfonso se queda allí, solo y preocupado por la joven.

Carlos se encuentra en la cocina de su casa, preparándose el desayuno de una manera muy torpe, cuando se le derrama toda la leche por la encimera.

CARLOS: ¡Mierda!

LORENA: ¿Necesitas que te ayude?

Carlos se gira, asustado, y ve a su novia apoyada en el marco de la puerta, mirándole divertida.

CARLOS: (Seco) No hace falta, puedo solo. (Coge la bayeta, y empieza a limpiar) ¿Cómo has entrado?

LORENA: Con la llave de…

CARLOS: (Terminando la frase)… debajo del felpudo. Ya no lo recordaba.

Se crea un tenso silencio entre ellos, que Lorena rompe enseguida.

LORENA: Oye Carlos, ¿cuánto tiempo vamos a continuar así?

CARLOS: ¿Así como?

LORENA: No te hagas el tonto… sabes perfectamente a lo que me refiero. No paramos de discutir, y yo pensaba que si nos dábamos esta oportunidad, era para intentar mejorar las cosas, no para empeorarlas.

CARLOS: Quizás no fue buena idea dárnosla…

LORENA: No Carlos, no digas eso… no podemos rendirnos todavía… nos queremos.

CARLOS: ¿Y que propones? ¿Qué sigamos juntos, y discutiendo cada dos por tres?

LORENA: No… pero anoche estuve pensando, y se me ocurrió una idea. (Carlos la escucha atentamente) Mira… la Semana Santa está a la vuelta de la esquina…faltan dos semanas. ¿Por qué no hacemos un viaje tú y yo solos? Sin nadie que nos moleste… ya verás como así van mucho mejor las cosas.

CARLOS: No es mala idea… pero no puedo, lo siento.

LORENA: (Molesta) ¿Qué? ¿Cómo que no puedes? ¿Qué es más importante que intentar solucionar las cosas con tu novia?

CARLOS: Pues por ejemplo, buscar un piso para independizarme.

LORENA: (Sorprendida) ¿Independizarte?

CARLOS: Sí, independizarme. Tú eras la que más ganas tenía de que lo hiciera, ¿no?

LORENA: Sí, bueno… pero pensándolo así más fríamente, creo que no deberías hacerlo, Carlos.

CARLOS: ¿Y eso porque?

LORENA: Dejaste todo, Carlos, todo… tus estudios, tu adolescencia, tu libertad… para ayudar a tus padres, para que no tuvieran problemas de dinero todos los meses. Y ahora, por la brava, ¿decides dejar de ayudarles e irte a un piso tú solo? Me parece muy egoísta por tu parte, tío. Además, ahora en el quiosco, vas a empezar a cobrar menos… ¿dónde pretendes vivir?

CARLOS: Te estás dejando un pequeño detalle, Lorena. (La joven mira a su novio, sin entenderle) Mis padres se marchan en Semana Santa a vivir a Barcelona. A mi padre le ha salido un trabajo allí como chofer de un pez gordo. Va a cobrar bastante, y el alojamiento está incluido. No puede rechazarlo.

LORENA: ¿Me lo estás diciendo en serio?

CARLOS: ¿Tengo cara de estar bromeando? Sí me quedo aquí es por ti, Lorena, así que no me vengas con que yo no pongo nada de mi parte en esta relación, porque ya ves que no es cierto.

Lorena abraza a su novio, emocionada.

LORENA: Lo siento, cariño… no tenía ni idea.

CARLOS: (Sonríe) Anda, no te preocupes… no pasa nada, ¿cómo ibas a saberlo, si no te había dicho nada? Lo que si que necesito es que me ayudes en una cosa.

LORENA: Por supuesto, cualquier cosa que esté en mi mano, lo haré, no te preocupes.

CARLOS: Tengo que encontrar un nuevo trabajo. Jorge se queda con media jornada del quiosco, y con lo que me corresponde a mí no me llega. Tengo ahorros para pasar los primeros meses sin problemas, pero después será una putada.

LORENA: En la universidad ponen muchos carteles. Ten por seguro que los miraré todos los días.

CARLOS: Gracias…

LORENA: No sabes lo orgullosa que estoy de ti, Carlos.

Los dos jóvenes sonríen, y se besan apasionadamente, como si el tiempo se hubiera detenido, y solo estuvieran ellos.

Edu e Isra están frente a la puerta de su clase, comparando unos apuntes, aunque se ve una gran tensión entre ambos.

ISRA: No entiendo porque me has pedido los apuntes a mí, Edu. Hay más gente en clase, y esto es un poco incómodo.

EDU: Bueno, sí, pero en ti es en el que más confío para estas cosas… (Isra agacha la cabeza, dolido, y este se da cuenta) Y bueno, así también intentamos recuperar poco a poco la amistad, ¿no?

Isra va a responder, pero en ese momento aparece Hugo, muy sonriente, el cual pasa de largo, ante la atenta mirada de Edu.

EDU: (Alzando la voz) ¡Vaya, parece que a alguien se le han pegado las sábanas esta mañana!

Hugo se gira hacia ellos, sin perder la sonrisa.

HUGO: Sí, la verdad es que no he podido dormir mucho.

EDU: Sí, ya me imagino… la gente como tú…

HUGO: (Divertido) ¿Estás celoso?

Edu se hace el sorprendido, intentando fingir.

EDU: ¿Celoso yo? Por favor…

ISRA: (Tímidamente) Si eso… yo voy a ir entrando a clase.

HUGO: No, Isra, no te preocupes, si yo ya me voy. No me gustan los numeritos.

Hugo se aleja de allí, sin perder la sonrisa en ningún momento, e Isra mira a Edu, curioso.

ISRA: ¿Qué coño os ha pasado? Estáis igual que cuando os presenté…

EDU: Pues exactamente eso, que no me equivoqué: es un borde de mierda.

Isra mira a su ex novio, intentando que no se note su alegría, y ambos vuelven a mirar a los apuntes, algo más relajados que al principio.

Laura va andando, rápidamente, cuando alguien le coge del brazo. Se gira, y ve que se trata de Jorge.

LAURA: Joder, tío, ¿algún día te presentarás como la gente normal, sin asustarme?

JORGE: (Preocupado) Lo siento… pero es que es importante, ha surgido un contratiempo.

LAURA: ¿Un contratiempo de que?

JORGE: Carlos ha dejado su trabajo en el quiosco.

La joven se muestra sorprendida, pero enseguida lo finge.

LAURA: Bueno Jorge, eso ya no es asunto mío, y tampoco debería serlo tuyo.

JORGE: ¿No te das cuenta? Esto entorpece totalmente el plan para que él y Lorena rompan.

LAURA: Realmente dudo que tuvieras algún plan. Tú lo que querías era joderle, y él se ha ido con la cabeza bien alta. Y eso a quien le jode es a ti, no a él.

JORGE: No, te aseguro que había un plan. Por favor Laura, a ti es a la única que te hace caso, junto a Lorena. Habla con él, y convéncele de que vuelva… ¿no te das cuenta de que saldríamos beneficiados los dos?

LAURA: Yo como mejor beneficiada salgo es viendo a Carlos feliz… y si intentas joderle, dudo mucho que lo sea.

JORGE: Laura, sabes que eso no es así…

LAURA: Mira Jorge, ya te dije que no pensaba ayudarte, así que lo siento, pero estás perdiendo el tiempo.

Laura comienza a alejarse de allí.

JORGE: Muy bien, como quieras… ¡pero si mi plan funciona, no pienses beneficiarte de ninguna de las maneras!

La chica, ignorando las últimas palabras del joven, continúa su camino.

Olivia, con la bolsa del pan en la mano, se dispone a abrir la puerta del portal, cuando, reflejado en el cristal, ve a Toni justo detrás de ella, y se vuelve, molesta.

TONI: En tu estado, no deberías andar tan rápido… llevo siguiéndote desde que has salido de casa.

OLIVIA: Toni, déjame, por favor.

Olivia intenta entrar, pero Toni la detiene.

TONI: No puedes hacerme esto, Olivia.

OLIVIA: Lo siento… debes de empezar a asumir las consecuencias de tus actos.

TONI: Te quiero.

Olivia se queda mirando al joven, sin saber que hacer. Cuando este intenta besarla, la chica se aparta, y entra corriendo al portal, dejando a Toni solo y arrepentido.

Las clases ya han terminado por hoy, e Isra y Marta salen juntos del instituto, charlando de sus cosas.

ISRA: Últimamente Hugo y tú estáis un poco distanciados, ¿no? Ya no venís juntos al instituto, ni nada.

MARTA: Si bueno, pero tampoco me preocupo… ya sabes que no es la primera vez que pasamos una etapa así… en un par de semanas, todo volverá ser como antes.

ISRA: Edu me ha dicho que está a medias con Alberto, su ex.

MARTA: Sí, yo también lo he oído… pero no creo, a Hugo no le molan los tíos tan… duros, por definirlo de alguna manera.

Isra sonríe, y justo en ese momento, Marta ve a Alfonso en el otro lado de la carretera, de lo cual Isra también se percata.

MARTA: Oye, nos vemos mañana, ¿vale?

ISRA: (Sonriendo falsamente) Claro, no te preocupes. Chao.

Marta cruza corriendo la carretera, hasta llegar al hombre, el cual le da un pico.

MARTA: ¿Qué haces aquí? No te esperaba.

ALFONSO: (Serio) Lo siento, no quiero molestarte.

MARTA: Anda, no seas tonto…

ALFONSO: No, no lo digo por eso, Marta… lo siento, pero no puedo más. Lo he intentado, pero no puedo… necesito saberlo. ¿Para que necesitas tanto dinero?

MARTA: (Sorprendida) Alfonso…

ALFONSO: Marta, si no me lo dices… se acabó.

MARTA: ¿Me estás haciendo chantaje?

ALFONSO: No, estoy intentando que tengamos confianza plena el uno en el otro, como todas las parejas… no lo veas como un chantaje.

MARTA: Nunca pensé que fueras tan hijo de puta… no me extraña que estés solo.

ALFONSO: (Molesto, alzando la voz) ¿Hijo de puta yo? Yo no soy el que te estoy ocultando para que necesito tres mil euros, Marta.

MARTA: Y seguiré haciéndolo. Así que tú decides, lo tomas o lo dejas.

Alfonso mira a la chica durante algunos segundos, pensando.

ALFONSO: Yo te pierdo a ti, Marta… pero tú me pierdes a mí, y al dinero.

Alfonso se monta en el coche, el cual tenía justo enfrente, y se pone en marcha.

MARTA: (Gritando) ¡Cabrón!

Alfonso se aleja de allí a toda velocidad, y Marta mira, con los ojos llenos de lágrimas, al otro lado de la carretera, donde continúa Isra, que a pesar de que no ha escuchado gran parte de la conversación, sabe que algo va mal. Marta, sin poder mantener firme la mirada a su amigo, se aleja corriendo, intentando contener las lágrimas.

Ya es de noche. Edu entra a casa, la cual se encuentra completamente a oscuras, lo que extraña al joven, puesto que no es tan tarde.

EDU: ¿Papá?... ¿mamá?... ¿Olivia?

El joven, al no obtener respuesta alguna, enciende la luz, y se dirige hacia su dormitorio, cuando, al pasar junto a la puerta del salón, oye unos leves sollozos, fácilmente reconocibles, por lo que asoma la cabeza por la puerta.

EDU: ¿Olivia? ¿Estás bien?

Olivia, al oír la voz de su hermano, llora con mucha más intensidad, lo que hace que el chico corra hasta ella para abrazarla.

OLIVIA: ¿Por qué todo me tiene que pasar a mí, Edu?

EDU: ¿Qué pasa, Olivia? No entiendo…

Olivia cada vez llora más fuerte, pero todavía puede hablar.

OLIVIA: Os he mentido… os llevo mintiendo desde que volví… no he hecho otra cosa más que mentiros…

EDU: (Sin entender nada) ¿A que te refieres?

OLIVIA: Que yo… yo no vine solo a visitaros, ni a arreglar las cosas con papá, Edu, yo… vine huyendo de Toni.

Olivia se derrumba totalmente, y Edu la abraza con mucha más fuerza.

EDU: Vamos, Olivia, tranquilízate… tranquilízate y cuéntame todo.

Olivia, sin poder hablar, se aferra a su hermano, desesperada.

Hugo y Alberto llegan hasta la puerta del jardín del joven, donde este se apoya, mirando fijamente a su acompañante.

HUGO: Gracias… pero la verdad es que no hace falta que me acompañes todas las noches hasta casa.

ALBERTO: (Sonríe) Lo hago porque me apetece, no por otra cosa.

Los dos jóvenes se quedan mirando por unos segundos, sonriendo.

HUGO: Bueno, creo que irá siendo hora de entrar… mañana tengo instituto.

ALBERTO: Sí… no quiero ocasionarte problemas con tus estudios.

HUGO: No lo haces, te lo aseguro… ¿te llamo mañana?

Alberto asiente, y Hugo se gira para abrir la puerta.

ALBERTO: Espera un momento, por favor…

HUGO: (Girándose, extrañado) ¿Qué pasa?

Alberto besa apasionadamente al joven, el cual, en un principio, se muestra sorprendido, pero le acaba correspondiendo.

Toni se encuentra tumbado en su cama, viendo la televisión completamente a oscuras, cuando oye unos leves golpes en su puerta. Extrañado, se levanta y abre, encontrándose frente a frente con Edu.

TONI: Vaya, vaya, ¿a quién tenemos aquí? Lo siento, pero no te ajustas a mi prototipo… una lástima, vete con tus plumas a otra parte.

El chico intenta cerrar la puerta, pero Edu se lo impide.

EDU: Me vas a escuchar, Toni, te guste o no…

TONI: (Irónico) ¿Y si no que? ¿Me vas a violar? Sé que siempre te he gustado…

Edu, fuera de si, empuja a Toni a la pared, y se pone muy cerca de él, asustando a este.

EDU: (Enfadado) Escúchame bien, gilipollas… aléjate de mi hermana, y de su hijo… si no, te juro que te vas a acordar de mi.

Edu suelta al joven, que no sale de su asombro, y se marcha rápidamente de allí. Toni cierra la puerta, y se deja caer sobre la cama, totalmente indeciso sin saber que hacer.

CONTINUARÁ...